Cuando un cobro se vuelve morosidad antigua, se provisiona, se da de baja y sale de la vida de la empresa. A partir de ahí, el activo sigue existiendo — solo que ya nadie está a cargo de él. Carteras enteras viven en ese limbo: ya no constan en el resultado, aún constan en el derecho, y caducan en silencio en el archivo muerto.
Una cartera dada de baja tiene valor de mercado, y depende menos del saldo deudor que de tres cosas: antigüedad, calidad del registro y existencia de garantía. Un deudor localizable con contrato bien documentado vale múltiplos de un registro incompleto de hace diez años. Por eso la primera etapa no es cobrar — es evaluar, y decir con honestidad qué parte no vale el esfuerzo.
Conducimos negociación, cobranza estructurada, enajenación o cesión, según el caso. Y, cuando tiene sentido, el capital del grupo puede ser la contraparte — siempre con tasación independiente y con el cliente libre de llevar el activo al mercado. Un comprador que también evalúa tiene que declarar lo que es.
Vale recordar un plazo: la pretensión de cobro de una deuda con prueba escrita caduca, y el reloj corre incluso con la cartera parada en el archivo. Interrumpir la prescripción es un acto simple y barato; descubrir que corrió es definitivo. La mayor pérdida en una cartera dada de baja no es la morosidad — es el calendario.
Porcentaje sobre el valor efectivamente recuperado, sin costo de entrada. Es la estructura natural de un frente que trabaja sobre activos ya dados de baja: el cliente no pone dinero nuevo detrás de dinero viejo. Si nada vuelve, nada se paga — y nuestra disciplina de rechazar casos frágiles viene justamente de ahí.
Fuentes oficiales, en el punto exacto — el artículo de ley, el servicio o la consulta que usted puede usar hoy. Ninguna sustituye el análisis del caso concreto, que es nuestro trabajo.
Diga en dos líneas lo que necesita resolver. Un gerente de cuenta responde personalmente, en horario comercial, y la conversación empieza por donde marca la diferencia.